sábado, 24 de marzo de 2012

La historia de los grisines





Los grisines esos palitos tan ricos que están en la panera.







¿Han observado que a una panera sin grisines parece que le faltara algo? Efectivamente, los famosos grisines son de las primeras cosas sobre las que uno se abalanza cuando se sienta a la mesa.








Estos modestos palillos tienen un origen aristocrático: parece ser que en 1668 en Italia, el médico del duque Vittorio Amadeo II de Saboya, un tal Teobaldo Pecchio, le pidió al panadero de la corte, Antonio Brunero, que hiciera un alimento panificado para el estómago de su excelencia, delicado por demás, a fin de que lo pudiera digerir sin inconvenientes. Así nació el grisín, ese bastoncillo seco y crujiente.








Napoleón fue otro fanático de esos productos, a los que llamaba “les petits porras” de Turín, y los hacía llevar regularmente a Paris. Y Nikolai Gogol, el gran escritor ruso, los menciona en su correspondencia.








El “roabatá” es el grisín tradicional (cuenta con denominación de origen), que tiene una longitud de entre 40 a 80 cm, mientras que la versión contemporánea es mucho más corta. Existen grisines saborizados al orégano o el sésamo, entre otros. Y además hacen las veces de aperitivo cuando se los envuelve con una lonja de jamón crudo.







¿A vosotros os gustan los grisines?
Para mis compañer@s de informática y nuestro "profe" Ángel.
Un saludo. Mary.

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